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miércoles, 22 de agosto de 2007

LA PALABRA DE DIOS HACE LA DIFERENCIA



Nuestro ojo puede apreciar diferencias muy tenues en los colores y en las formas. Pero hay muchas cosas que nuestro ojo no puede distinguir. Una de las herramientas mas notables que nos fue dada para apreciar la diferencia respecto de las cosas importantes es la Biblia, la Palabra del Dios vivo.

El destino eterno de una persona es algo importante a determinar, pues las cosas de esta vida cambian cotidianamente pero la eternidad permanecerá. Dice así: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es a nosotros, es poder de Dios” (1Co 1:18). Y: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1Co 1:21).

La cruz de Cristo fue necesaria para que el Hijo de Dios alcanzase la salvación que anticipadamente había prometido. El justo dio su vida por nosotros los injustos, nuestra deuda la resolvió El, pues pagó por nosotros la deuda generada por nuestros pecados. Y nosotros mismos llegamos a ser de El. Le salió caro, pues le costó la vida y fue sepultado. Pero resucitó al tercer día, triunfó sobre todo y sobre todos. Ya nada puede impedir que se manifieste su victoria sobre toda la Humanidad y su derecho a reinar sobre toda la Creación.

Aunque el mundo lo ignore y reafirme “su derecho” a vivir como le plazca, su tiempo está acotado. El mundo será confrontado por Jesucristo, quien cargó sobre sí la responsabilidad de limpiarnos de todo pecado. Así también El cargará sobre el mundo la responsabilidad de ignorarle.

Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. La predicación de la palabra de Dios. La predicación de Hijo de Dios, la palabra creadora que hizo todo lo que existe.

A veces es necesario trazar una raya en el piso y dejar que cada uno fije su posición, pronto se sabe donde se ubica cada uno respecto de los asuntos de los hombres. La palabra de Dios ha trazado una raya respecto de Jesucristo (El es el Hijo de Dios, nuestro Salvador y Señor) y nos fue encomendada la predicación del Evangelio, pronto se sabe que posición toma cada uno respecto de la raya trazada por la Escritura. Sólo hay dos posiciones: los creyentes en Cristo y los que no creen. Y Dios ya anticipó cual es el destino eterno que corresponde cada grupo.

Amigo, si quieres conocer a Aquel que se humilló a sí mismo para que nosotros pudiésemos llegar a ser como El, te invito a que me escribas. Gustoso te contestaré.

La Palabra de Dios hace la diferencia.

domingo, 12 de agosto de 2007

Planeando el futuro en su voluntad


PLANEANDO EL FUTURO EN SU VOLUNTAD

Casi todos tenemos incorporada la idea que no podemos (ni debemos) esperar el futuro con los brazos cruzados, y si lo hacemos, ese no sería el mejor futuro. Por esta razón casi todo el mundo se ocupa de imaginar un futuro mejor y se pregunta: ¿qué haré? ¿qué puedo hacer? ¿qué pasará? ¿de qué viviré?

Los creyentes en Cristo también debemos ocuparnos en labrarnos un futuro y debemos plantearnos preguntas en la voluntad del Señor. Para plantearnos preguntas conviene que entendamos que detrás de cada pregunta hay supuestos subyacentes, creencias que estamos admitiendo, y debemos examinar si tienen correspondencia bíblica. Por ejemplo, cuando alguien se pregunta: ´¿qué haré?´ está dando por supuesto que está solo; pero la Biblia dice: “… he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo … (Mt 28:20). Y la verdad es que Cristo está con nosotros y no nos dejará, por lo tanto conviene que no hagamos esa pregunta.

Y cuando alguien pregunta: ´¿qué puedo hacer yo?´, está dando por supuesto que hay algo que puede hacer. Pero la Biblia dice: “… separados de mí nada podéis hacer.” (Jn 15:5). Y esa es la verdad, sin Cristo no podemos hacer nada que agrade a nuestro Padre y que sea digno de galardón. Quiere decir que no nos conviene dar por supuesto que estamos solos y que además podemos hacer algo solos.

También dice la Biblia: “ porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer …” (Fil 2:13). Quiere decir que el Señor es quien hace su obra en nosotros, y por medio de su obra hecha en nosotros, influye e impacta en los que nos rodean. Y lo justo es que estemos agradecidos y reconozcamos el bien que el Señor hace en nosotros.

Entonces ¿cómo nos conviene preguntar? Propongo que lo hagamos de esta manera: ´Señor Jesús, ¿qué haremos?´ De esta forma las creencias subyacentes serían: a) Jesús está conmigo. b) Jesús está haciendo su obra en mí. c) Jesús hará que su obra sea manifiesta a los que me rodean. d) Yo cuento con El, y El me ayuda.

Estamos en el mundo pero no somos del mundo. Y porque somos de Cristo, lo justo es que contemos con El. Recordémoslo y seamos agradecidos.

También tengamos en cuenta que la voluntad de Dios la hallamos considerando todo el consejo de Dios.

El futuro con Cristo ya es dichoso.