
Una calurosa mañana de verano llegó mi sobrinito a casa. Saludó con rapidez y mis ojos sólo alcanzaron a ver que se dirigía hacia el fondo. Inmediatamente llegaron sus padres. Nos saludamos efusivamente. Hacía muchos meses que no nos veíamos. Martincito volvió corriendo y exclamó: “¡Hay sandías, son enormes!”. Nos tomó por sorpresa. Sus ojos radiaban el brillo de una aventura exitosa, y mientras se dibujaba en sus labios una sonrisa anticipatoria volvió a exclamar: “¡Vamos a comer sandías, que rico!”. No pudimos contener la risa e interiomente yo me regocijaba en su alegría infantil. Ahora que revivo en mis recuerdos esos momentos vividos me siento dichoso por todas las horas de trabajo y el esfuerzo que dediqué a la quinta del fondo. La vida quiso recompensarme con la sonrisa de un niño. Me siento satisfecho.
La Biblia, muchos años antes que viniera Jesucristo, ya daba testimonio de El. De cual sería su obra, obra de salvación, y cual sería el precio que pagaría por llevarla a cabo: la aflicción de su alma, su vida derramada hasta llegar a morir, sufrir el desprecio a la hora de morir, cargar sobre sí el pecado de muchos y sobre todo esto oró a Dios pidiendo el bien para los pecadores.
Dice así la Biblia: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”
Amigo, yo he pecado, por eso Jesús fue a la cruz (y murió y resucitó) para que yo sea salvo de mi pecado y de la condenación eterna. Y también lo hizo por ti, para que tú también goces de la salvación eterna.
Si tienes alguna pregunta, te invito a que llames por teléfono o me escribas un e-mail. info@ibmcarapachay.org.ar o al 54-11-4765-1814
La Biblia, muchos años antes que viniera Jesucristo, ya daba testimonio de El. De cual sería su obra, obra de salvación, y cual sería el precio que pagaría por llevarla a cabo: la aflicción de su alma, su vida derramada hasta llegar a morir, sufrir el desprecio a la hora de morir, cargar sobre sí el pecado de muchos y sobre todo esto oró a Dios pidiendo el bien para los pecadores.
Dice así la Biblia: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”
Amigo, yo he pecado, por eso Jesús fue a la cruz (y murió y resucitó) para que yo sea salvo de mi pecado y de la condenación eterna. Y también lo hizo por ti, para que tú también goces de la salvación eterna.
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Jesús verá el fruto de su obra. Y nosotros veremos su rostro. Satisfacción eterna.
Autor: M. A.
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